sábado, 25 de febrero de 2017

El regreso de la soledad

De vez en cuando, surge en mí una necesidad que no puedo ignorar, un grito sordo por un respiro, un rincón en el que el mundo exterior no pueda tocarme. No es que esté huyendo, ni que quiera desaparecer por completo. Es simplemente que, a veces, mi mente necesita escapar de sí misma, buscar un refugio en la soledad que se siente más como un descanso que como una huida.

No lo tomes personal. No es que no te quiera, ni que tus palabras me incomoden. Si pudiera, me escaparía de mí mismo por un rato, solo para darle un respiro a esta mente turbulenta. En esos días, cuando la necesidad de la pausa se convierte en un mandato imperativo, no te molestes en buscarme. No soy buena compañía, no tengo nada que ofrecer más allá de un silencio incómodo y una presencia ausente. 

Pero aquí está el truco: a pesar de mi deseo de desaparecer, a pesar de las veces que me pierdo en la niebla de mi propia mente, siempre regreso. Como un solitario viajero que regresa a casa después de una larga travesía, siempre vuelvo. Puede que no sea el mismo de antes, o tal vez sí, pero siempre regreso, buscando en la familiaridad un consuelo que solo puedo encontrar en los lazos que dejé atrás.

Así que no te preocupes. Mi ausencia es solo una parte del ciclo, un necesario paréntesis en la conversación de mi vida. Y mientras me tomo ese tiempo, ese respiro fugaz en la soledad, ten la seguridad de que el retorno es inevitable. Siempre regreso, aunque a veces me tome un tiempo. Y cuando lo haga, me encontrarás aquí, tan real y tan presente como siempre.