Nunca he sido un virtuoso del habla, ni en reuniones bulliciosas ni en las conversaciones telefónicas. Las palabras precisas suelen escaparse en el momento justo, dejándome con una sensación de vacío y frustración. Por eso, encuentro refugio en la escritura. Es ahí donde puedo escoger cuidadosamente las palabras, encajarlas en su lugar exacto y expresar lo que realmente quiero decir.
A pesar de mi tendencia al silencio, mi mente nunca deja de trabajar. Imagina que estoy constantemente escribiendo en una hoja imaginaria, buscando esas frases que puedan transmitir lo que siento y pienso. En ese espacio de silencio, encuentro la claridad para articular lo que a menudo me resulta tan difícil en el mundo ruidoso de los sonidos.
Una hora de silencio absoluto cada día se ha convertido en mi ritual de regeneración. Es en esos momentos de calma que intento ser "más", que busco maneras de ser mejor para aquellos que me rodean. Y tú, que has aprendido a esperar en medio de mis silencios, te has convertido en la pausa indispensable en cada uno de mis días.
¿Cómo estás, amor? ¿Cómo está nuestra hija? En este silencio que busco, espero encontrar las palabras adecuadas para responder a tus preguntas y a mi propio anhelo de conexión. Porque en el fondo, mis silencios son sólo intentos de encontrar las palabras que realmente importan.