martes, 24 de noviembre de 2020

La Farsa de la Felicidad

En los últimos meses, me he sentido sumido en una tristeza que parece infinita, un aburrimiento que perfora el alma y me recuerda lo miserable que puede llegar a ser la vida cuando uno enfrenta episodios como estos. No hay trabajo, no hay distracción, no hay dinero, y la familia, a pesar de estar presente, no siempre puede llenar el vacío que siento. Hace unos días, me asaltó una desesperanza tan profunda que todo lo material perdió su significado. Ya no deseaba nada de lo que poseía; sólo quería escapar de este momento opresivo.

Las redes sociales, con su gloriosa fachada de felicidad y éxito, me parecen una burla cruel a la realidad cruda que vivo. Mientras en esos espacios virtuales me muestro escribiendo, escuchando música, riendo, en la sombra de mi vida real me encuentro en medio de discusiones familiares, siendo un mal nieto, un mal hijo, un mal hermano. En esos episodios de oscuridad, me encierro en mi mundo, aislado, reacio a ver a cualquiera o a salir de mi propio encierro.

Solo quería abrir este espacio para mostrarles que, como muchos de ustedes, también he atravesado un año de mierda. Casi cuatro meses sin trabajo, recluido en casa, lidiando con un quiste que sólo vino a añadir más peso a la carga. Todo parecía venir junto, como una tormenta que no cesa. 

Acepto la vida tal como es, sin cuestionarla, simplemente la vivo con sus altas y bajas. Reconozco que estos episodios no definen mis principios ni mis valores; solo son parte de mi experiencia. No es fácil vivirlos, y a menudo desearía que fueran diferentes, pero esta es mi realidad. Y aunque la vida puede ser dura y desalentadora, quiero que sepan que mi vida es mucho más normal de lo que aparenta. Sin guiones, sin filtros, solo la cruda verdad de lo que es realmente vivir.