martes, 29 de mayo de 2018

El Petricor de la Nostalgia

Me gusta la lluvia casi tanto como me gusta recordar momentos, esos fragmentos de la vida que a veces se desvanecen y otras veces se quedan grabados a fuego. Hay algo en asomarse a la ventana y ver cómo el gris se adueña del cielo, cómo las personas se arrugan bajo sus paraguas y maldicen el día. Todo se convierte en una paleta melancólica, como si el mundo entero estuviera en pausa, permitiendo que las emociones se deslizen por el aire y se cuelen en la mente de cada uno.

En esos días, los olores se vuelven recuerdos, y lo que para muchos es solo agua, para mí es un puente hacia el pasado. El petricor, la geosmina, ese aroma a tierra mojada, es una conexión primitiva con mis raíces. Es como si la lluvia pudiera hablar, susurrar historias olvidadas a través del tiempo. Me transporta a mi familia, a aquella casa de madera que capturaba el calor de una estufa a parafina, a la gotera en la cocina que hacía música al caer sobre una olla y salpicaba el suelo con pedazos de diario.

Recuerdo las huellas de mis hermanos, esas marcas en el suelo al entrar y salir, y la imagen de mi abuela secando mis calcetines para que mis pies se mantuvieran cálidos después de la escuela, mientras me preparaba un ulpo caliente. Los días grises tienen su propio encanto, una belleza triste y perfecta que me recuerda por qué me gusta tanto la lluvia. Es como un abrazo del pasado, un refugio en medio del presente. ¿Cómo no me va a gustar lo que me lleva de vuelta a esos días sencillos y entrañables?

sábado, 26 de mayo de 2018

La Coraza Quebrada

Aquellas palabras lo destrozaron por dentro, pero el muchacho se tragó el dolor y se fue, decidido a no dejar que nadie viera cuánto le importaba. Su orgullo le impedía mostrar lo que realmente sentía, aunque cada paso que daba era un esfuerzo por no derrumbarse. Sabía que, si se permitía escuchar una palabra más, se rompería a llorar, y no era el momento para eso. Apretó la mandíbula y el puño, tratando de contener la rabia y la desilusión que le hervían en el pecho, alimentadas por la mentira, la ironía y la falsedad que lo rodeaban. Sacó fuerzas de un lugar que ni él sabía que existía, fuerzas para renunciar a un sistema que lo estaba devorando, aunque ya no le quedara casi nada por dentro.

"No puedo seguir en este sistema corrupto," dijo, tratando de sonar firme, aunque la coraza que lo protegía estaba a punto de desmoronarse. "No encajo aquí, donde si no te unes te sacan, donde tienes que decir 'sí' a todo, donde se trabaja para complacer y no para mejorar, donde tienes que sonreírle al que no se lo merece, donde tienes que vender tus principios por un cheque al final del mes."

Se giró para irse, sintiendo cómo la coraza comenzaba a agrietarse. Pero, aún así, tuvo las agallas de pasar a despedirse de alguien que consideraba su amigo. Ese "yo" que lo había visto así, que casi se fue con él, pero sabía que no era su momento. Querido amigo, sé que detrás de ese genio hay principios claros que no se venden, y es por eso que soy tu amigo. Aunque el mundo intente quebrarte, hay algo dentro de ti que nunca podrán tocar, algo que te hace fuerte, y es por eso que siempre estaré aquí, en la distancia o en la cercanía, porque en ti reconozco la misma lucha que llevo en mí.

viernes, 18 de mayo de 2018

La Santa Hipocresía

Castigaron a los obispos, y la Indiada aplaude como si todo estuviera bien ahora. Pero hay cosas que no podemos olvidar. Aquí hubo más que violaciones y daño moral, hubo encubrimientos, mentiras, una cacería implacable contra las víctimas. Años de conspiraciones, de silencio cómplice, como si fuera un episodio más de las teorías del Salfate. Y este imbécil de blanco los castiga según sus propias leyes, como si eso fuera suficiente. “Merecen cárcel, mínimo,” dicen algunos, pero las renuncias son el precio que paga la plebe para no perder la fe en el Pulento.

No estoy en contra de un Dios, que quede claro. El problema no es el jefe, el problema son los que arman la fiesta en su nombre. Por eso creo que el Papa es la misma mierda que todos ellos. Se hace el santo, pero oculta la raíz del problema: el sistema religioso en sí, una maquinaria vieja y oxidada que sigue girando, que sigue aplastando bajo su peso a los más vulnerables. Esto no va a parar, no mientras todo siga igual, no mientras el mundo siga aceptando esta farsa. Pero, claro, para el mundo, el show debe continuar. Y así, la mierda sigue, tan santa como siempre.

La Distancia de lo Esencial

Una de las delicias más raras de esta vida es encontrar a ese amigo, ese alguien con quien puedes hablar de cualquier cosa sin trabas, sin filtros. A él le confías tu verdadero ser, ese que escondes del resto del mundo, y con él puedes hablar horas y horas, hasta que la noche te sorprenda. No importa cuánto tiempo pase sin verse, siempre te entiende a la perfección, siempre sabe cuando uno de tus "saludos" lleva una carga diferente, cuando algo no está bien.

Ese amigo que te apoya sin importar qué, que te insulta de frente, con sinceridad, y no a tus espaldas. Esas son las personas que debería tener cerca, esas que son raras como el buen licor, que con el tiempo se hacen más preciadas. Y sin embargo, las alejo. Quizás por miedo, o quizás porque la vida se encarga de meter sus dedos en los lugares más delicados, alejando lo esencial, lo que realmente importa. Me doy cuenta, y aún así, no hago nada.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Aunque Sea en Silencio

Confía, no te guardes nada. Cuéntame cómo ha sido tu día, esos pequeños imprevistos que se cruzan en el camino sin avisar. Háblame de tu hermana y de tu madre, de esos lazos que a veces duelen más de lo que deberían. Dime si hoy has soñado o si las pesadillas han vuelto a hacerte compañía en la noche. Háblame de tus penas, esas que escondes tan bien, de tus decepciones que prefieres callar, y de esas grandes alegrías que parecen tan lejanas.

¿Cómo ha sido llegar a casa sola? ¿Qué se siente dormirse y despertarse en tu propio hogar, sin más compañía que tus pensamientos? Dime quién te hace daño, y lo encaramos. Cuéntame qué pasó con tu bicicleta, si tu pareja logró arreglarla o si debo hacerlo yo. 

Amiga, si te has resfriado, estamos en las mismas, porque yo también estoy hecho polvo. Dime si te llevarás tus gatos al departamento, háblame de ese amor por ellos que me hace sonreír. Háblame de ti, y hablemos de mí, de nuestros problemas laborales y personales que se sienten tan pesados a veces. Pero háblame, cuando quieras, sin prisa ni motivo, que escucharte siempre será un bálsamo para mi alma.

jueves, 10 de mayo de 2018

A Ellas, Que Fueron Todo

Mi madre y mi abuela, dos mujeres que han moldeado mi vida con una fuerza que pocos entenderían. A lo largo de los años, se convirtieron en lo más respetado y venerado en mi existencia. Las he hecho llorar de felicidad y, lamentablemente, de tristeza también. Ahora, en su ausencia diaria, siento el peso de una vida sin ellas cerca. 

Conozco sus gustos, esos tan sencillos que un simple gesto puede hacerlas sonreír. Y doy gracias a la vida por haberlas puesto en mi camino. Si pudiera elegir de nuevo, no dudaría ni un segundo en volver a escogerlas como madre y como abuela.

Mamá, recuerdo cada momento en que no teníamos un peso para la comida, y tú llegabas con la leche que sacrificabas de tu propio almuerzo. O cuando mi abuela se quedaba a cuidarnos de noche porque tú tenías que trabajar. Soy afortunado de haberlas tenido conmigo en las buenas y en las malas.

Me arrepiento de cada vez que las hice sufrir, de todas esas veces que mi egocentrismo fue más importante que su bienestar. Ahora, cuando estoy enfermo y recibo toda su atención, me doy cuenta de lo bien que se siente saber que tengo su amor incondicional. Las veo preocupadas, tristes, asustadas, y a veces, enojadas porque no cambio mis malos hábitos. Pero siempre, siempre anteponen a los demás antes que a ustedes mismas.

Hoy las veo envejecer, y me doy cuenta de que les he robado un pedazo de sus vidas, un tiempo que nunca recuperarán. Cada vez que voy a casa y las observo, me pregunto cómo es posible que tengan tanto amor para dar, y lo demuestran día a día. Sé que sus manos están secas, ásperas, agrietadas por años de esfuerzo y trabajo. Sé que cada arruga en sus rostros ha sido provocada por mí y por mis hermanos.

Espero, con todo mi ser, algún día poder retribuir todo ese amor y tiempo que me han dado. Y aunque anhelo que nunca tengan que irse de este mundo, sé que un día sucederá. Cuando ese momento llegue, dejarán un vacío en mi vida tan grande que no puedo imaginarlo. 

Gracias, abuela Rosa, por siempre estar ahí. Gracias, mamá, por siempre estar ahí. Las amo con todo mi corazón.


lunes, 7 de mayo de 2018

El Silencio Justificado

Me han llamado cortante, arrogante, y hasta levantado de raja por lo poco que contesto. Pero ¿qué saben ellos? No entienden que es mi forma de ser. A veces, el mundo entero debería guardar silencio, o al menos, eso creo. Hay días en los que las palabras simplemente no valen la pena. ¿Para qué abrir la boca cuando la mayoría de las veces lo que dices se diluye en la nada?

Prefiero observar desde lejos, callado, viendo cómo se desarrollan las cosas sin la necesidad de meterme en el ruido. No es que no tenga nada que decir, es solo que no siento la urgencia de hacerlo. No siempre vale la pena gastar saliva, y eso, al parecer, es algo que pocos entienden.

No es que me crea mejor, es que, a veces, el silencio es lo único que tiene sentido. Mientras los demás se desesperan por hablar, por llenar los espacios con palabras vacías, yo elijo quedarme en mi rincón, observando, pensando, y dejando que el ruido pase de largo. Porque al final, el silencio es lo único que realmente me pertenece.