lunes, 24 de enero de 2022

Una Lucha Interna con Mi Fé

He escuchado mil veces que en Dios está la respuesta, que en su fe se encuentra la paz que mi alma anhela. Me han dicho que si abro mi corazón, si realmente me dejo llevar por esa fe, todo este vacío que cargo se llenará, que encontraré descanso. Pero la verdad es que no puedo. No creo en Dios, por más que lo intente, por más que lo desee.

He buscado esa ayuda, he intentado encontrar ese consuelo que tantos parecen encontrar en la religión, pero siempre termino en el mismo lugar: solo, con mis pensamientos, con este vacío que no se llena con oraciones ni con palabras sagradas. Me siento como un extraño en un mundo donde todos parecen encontrar un sentido, una razón, en algo que para mí no es más que un espejismo.

No es que no lo haya intentado. He estado en iglesias, he escuchado sermones, he hablado con aquellos que juran que han sentido su presencia, que han sido salvados por su gracia. Pero para mí, siempre ha sido silencio. Un silencio que se vuelve insoportable, porque me hace sentir como si algo estuviera mal en mí, como si fuera incapaz de sentir lo que otros sienten.

Y quizás lo soy. Tal vez estoy demasiado endurecido, demasiado cínico, o simplemente demasiado roto para creer en algo más grande que yo. Porque cuando cierro los ojos y busco a Dios, no encuentro más que un vacío que me devuelve la mirada. Y así, sigo caminando solo, sin ese descanso del alma que todos prometen, sin esa fe que supuestamente lo cura todo.

A veces pienso que sería más fácil creer, que todo sería más soportable si pudiera entregarme a esa idea, a esa esperanza de que hay algo más allá de esta vida, algo que justifica todo este dolor. Pero no puedo. No importa cuántas veces lo intente, no importa cuánto lo desee. La fe no es algo que pueda forzar, y sin ella, Dios sigue siendo para mí una idea lejana, un consuelo que nunca seré capaz de alcanzar.