miércoles, 31 de enero de 2018

Un corazón en el caos

Familia, quiero que entiendan algo fundamental: me gusta ser quien soy. No cambiaría mi mundo por nada, ni mi manera de hacer las cosas, y menos ahora que ustedes están en él. Sé que no siempre les cuento lo malo para no preocuparlos, pero que les quede claro: siempre estoy luchando para salir adelante, y lo hago por ustedes.

Pero te pido algo, con la sinceridad que me caracteriza: no intentes cambiar mi vida. Si soy feliz así, déjame ser. Me gusta mi vida tal como es, con toda su locura, su soledad, sus dramas y lágrimas, su sarcasmo, su oscuridad. Amo todo eso de mí, incluso las noches sin dormir, el silencio que a veces me envuelve, la soledad que parece asustar a los demás. No te empeñes en mejorar mi vida, porque estoy bien. Puede que te preocupe ver cómo mi vida se torna caótica, pero la verdad es que disfruto de ese caos, me encanta el desorden en el que vivo. Y sé que no es fácil para ti, pero créeme, lo compenso con amor.

Lo que sí te prometo, es que siempre estaré para ustedes. Estoy aprendiendo a ser marido y padre, y aunque noto mis errores, me esfuerzo en corregirlos. Pero esto que ves, este ser silencioso, oscuro y muchas veces solitario, es lo que soy. Esa es mi esencia. Puede que no siempre lo entiendas, pero sé que dentro de mí hay un corazón gigante que late con amor por ustedes, incluso en medio de todo este caos que llamo vida.

martes, 23 de enero de 2018

El canto de un idealista

Nunca les conté esto, pero hace un tiempo me ofrecieron un cargo político. Me lo pintaron como un billete dorado, una promesa de gloria para alguien común y corriente, alguien como yo, que siempre está buscando hacer algo. Me llamaron en medio de una jornada de trabajo, detallándome los proyectos que podrían abrirse ante mí. Yo, en esos días, estaba metido hasta el cuello en el Centro Cultural, y querían aprovechar esa vitrina. “Queremos invitar a tus actos culturales, escoger quién quieres que esté en las fotos, masificaremos tu imagen, tú eliges el político de nuestro partido con quien quieres aparecer y nosotros nos encargamos del resto.” Me prometieron un libro lleno de bases políticas para seguir, para mantenerme en línea con su guion, evitando cualquier desliz que pudiera desentonar.

En ese instante, sentí una punzada de desilusión. Les respondí con una claridad helada: “No me interesan los cargos políticos, no me interesa que fabriquen mi historia con mentiras. Mi historia ya está construida, sólida, y la he forjado a lo largo de años haciendo cosas por mi gente. No me interesa estar en fotos forzadas con políticos que, aunque tienen el poder de ayudar, nunca lo hacen. No me interesa que nadie hable bien de mí. Mi trabajo, lo he hecho durante casi toda mi adultez. Cuando he tenido la oportunidad de contribuir a mi comunidad, lo he hecho. No me interesa convertirme en un plástico después de ser sangre, tripas y hueso.”

Me da lo mismo cómo funcionan las cosas en el mundo de la política, donde las relaciones públicas parecen pesar más que las acciones reales. Puede que en su universo, eso sea la norma, pero en el mío no lo es. Duermo tranquilo con mi conciencia. Así que corté la llamada. Nunca más me buscaron, y me alejé del Centro Cultural, que fue cayendo bajo su influencia. Aún apoyo a algunos que conozco como personas, pero el mundo político sigue siendo un abismo en el que nunca entraré. Me decepciona día a día.

viernes, 19 de enero de 2018

La puerta siempre abierta

Nunca he alejado a nadie de mi vida. Cada persona que llegó a mi puerta fue recibida con los brazos abiertos, sin reservas, como si el lugar estuviera hecho para compartir. “Donde come uno, comen todos,” solía decir. Después de un asado o una cerveza, muchos se fueron, y ahora que yo necesito un poco de lo que nunca pedí, parece que cruzan la calle. Ven mis defectos y no se atreven a tocar la puerta que antes golpearon sin dudar. Mi error, supongo, ha sido mantener la puerta abierta sin esperar que se cierre.

Ahora, en este tramo de la vida, llevo en mi corazón a quienes han estado en las malas, a los que no solo vienen cuando soy un recurso, sino a los que se quedan cuando todo se vuelve gris. El tiempo hace su trabajo, depura las compañías y agradezco a los que nunca se fueron, a los que ven más allá del trabajador o el compañero, a los que ven al hombre.

Siempre he querido ser alguien que sirve, alguien desprendido, pero parece que ese mismo deseo ha sido mi perdición. Ser servicial puede ser un error cuando los demás sólo lo ven como una debilidad. Agradezco a los que se quedaron en las vacas flacas, en las tormentas, a los que no sólo se acercaron en los momentos buenos o cuando mi presencia les beneficiaba.

Sigo caminando hacia un destino incierto, esforzándome cada día para mantener a mi familia bien, mientras algunos no ven más allá de la coraza que a veces me pongo. No guardo odios ni rencores, aunque las críticas y las faltas de comprensión me afectan. Me esfuerzo por escuchar boleros y valses peruanos, con más o con menos, sigo siendo el mismo.

Estoy en la parada de darme fuerzas a mí mismo, en el proceso de salir adelante y aprender de los errores cometidos. Y a pesar de todo, a pesar de los errores y las falencias, quiero que quede claro: no soy una buena persona. Solo soy yo, y eso debe bastar. Buenas noches.

jueves, 18 de enero de 2018

El sueño inacabado

El sueño sigue en construcción, una obra eterna en el andamiaje de la vida. Mi madre, con la humildad que solo los grandes conocen, me ofreció un hogar y un par de alas que se desplegaron hacia este lugar incierto. Aquí estoy, en medio de la construcción de mi refugio, esperando que el tiempo me dé la oportunidad de disfrutar lo que resta de mi vida en este espacio que llamo hogar.

No le debo nada a la vida, y la vida no me debe nada a mí. Pero, a pesar de esta neutralidad existencial, no puedo evitar desear estar rodeado de hijos y nietos, de ser parte de una sucesión de generaciones que me recuerden, de tener la oportunidad de malcriar a esos pequeños con el amor que mi corazón aún guarda. No sé si la vida me ofrecerá esos regalos, si el destino me permitirá ser el abuelo que imagino en mis sueños.

Por ahora, estoy aquí, con mis propias manos y mi determinación para avanzar, para ser algo más por mi familia. Si he cometido errores, me lamento por no haberme dado cuenta antes, pero no tengo miedo de admitirlo. Tengo una profunda urgencia de aprender a "Ser", de evolucionar constantemente en este relato llamado Quintana Sánchez.

Cada error, cada acierto, cada día que pasa, es una lección en el camino hacia lo que quiero ser. Las alas que mi madre me dio no solo me trasladaron a este lugar físico, sino que también me llevan hacia un futuro que aún está por escribirse. Mientras la casa se construye, también lo hago yo, pieza por pieza, sueño tras sueño, con la esperanza de que, al final, miraré atrás y veré que valió la pena.

lunes, 1 de enero de 2018

Balance de un año

Aquí estamos, al borde de un nuevo capítulo, con la tradición de escribir en mi muro el último día del año, o el primero, como prefieran llamarlo. El ritual es el mismo, una especie de confesión pública de lo que ha sido el año. Miro atrás, pero sin ganas de volver a lo que no cumplí. Este año, el pasado se queda en su sitio, sin intento de revivirlo ni para tomar impulso. Tengo un faro brillante que me obliga a mirar siempre hacia adelante.

Este año ha sido un mosaico de experiencias. A nivel personal, he tocado algunos acordes que me han hecho sentir que estoy en el camino correcto. En lo laboral, he escalado metas, y en lo académico, he enfrentado desafíos que me han enseñado a abrazar el cambio. Pero el verdadero cambio ha sido en lo familiar, con una estrella llamada Amanda Julieta. Ella y su madre, a quien amo más de lo que las palabras pueden decir, han sido el ancla que mantiene mi barco en curso.

Cada cosa que he logrado ha sido una batalla, y si no lo he conseguido, no ha sido por falta de esfuerzo. He aprendido a aceptar las derrotas y a saborear las victorias, entendiendo que todo llega en su momento, a su manera. El año que viene no me promete nada, pero me lo ofrece todo, y yo estoy listo para recibirlo con los brazos abiertos, sin importar lo que venga.

Cada año empiezo con el corazón lleno de ilusiones, esperando que las cosas marchen bien, pero si el camino se vuelve áspero, estaré aquí para enfrentar lo que venga, por mi familia. Tengo la fortaleza necesaria y unas manos dispuestas a cargar el peso, pase lo que pase.

Mi hija ha transformado mi debilidad en fuerza. Los años han pasado, y con ellos, he aprendido a madurar. Ella me ha dado un propósito, un motivo para enfrentar la vida con una renovada determinación. A nivel de Facebook, no puedo dejar de agradecer a quienes siempre están, a los que leen mis tonterías, a los que aprecian mis intentos de poesía y filosofía. A cada uno que se ha tomado un segundo para dejar un “Me Gusta” o un comentario, ustedes son parte de esta travesía.

A mis amigos más cercanos, Felipe Campos, Mauricio Didier López Díaz, y Víctor Danilo Zúñiga Herrera, gracias por ser el ancla en las tormentas, por compartir una cerveza y por estar siempre allí. A Valeria Alejandra Medina Quintana y su familia, gracias por enseñarme el valor de un abrazo sincero. A Josselyn Gutiérrez Sepúlveda, Juan Causa, y Juan Casanova, sus enseñanzas son tesoros en mi vida.

A mi familia, Lucy Pavez Morales, Nicolás Felipe Quintana, Catalina Paz Pavez, y Diego Ignacio Aguilar, gracias por ser el pilar que sostiene mis días más oscuros. Su presencia es la luz en mis momentos de duda. A mi abuela, la única, mi árbol de sabiduría, mis lágrimas y temores son por ti. Eres todo lo que necesito.

Y a mi mujer, Claudia Sánchez Sanhueza, eres mi corazón, mi pensamiento, mi día a día. Todo lo que soy y todo lo que quiero ser, es por ti y por nuestra hija. Espero que este año nos traiga más momentos juntos, más risas, y más sueños cumplidos. Amanda Julieta, brillas con una luz propia que ilumina mi vida más allá de lo que puedo expresar.

A todos, gracias. Este año, con su carga de desafíos y alegrías, ha sido un testimonio de lo que significa vivir con intensidad, de abrazar tanto los buenos como los malos momentos, y de encontrar en cada día una razón para seguir adelante. Feliz Año Nuevo.