Aquí estamos, al borde de un nuevo capítulo, con la tradición de escribir en mi muro el último día del año, o el primero, como prefieran llamarlo. El ritual es el mismo, una especie de confesión pública de lo que ha sido el año. Miro atrás, pero sin ganas de volver a lo que no cumplí. Este año, el pasado se queda en su sitio, sin intento de revivirlo ni para tomar impulso. Tengo un faro brillante que me obliga a mirar siempre hacia adelante.
Este año ha sido un mosaico de experiencias. A nivel personal, he tocado algunos acordes que me han hecho sentir que estoy en el camino correcto. En lo laboral, he escalado metas, y en lo académico, he enfrentado desafíos que me han enseñado a abrazar el cambio. Pero el verdadero cambio ha sido en lo familiar, con una estrella llamada Amanda Julieta. Ella y su madre, a quien amo más de lo que las palabras pueden decir, han sido el ancla que mantiene mi barco en curso.
Cada cosa que he logrado ha sido una batalla, y si no lo he conseguido, no ha sido por falta de esfuerzo. He aprendido a aceptar las derrotas y a saborear las victorias, entendiendo que todo llega en su momento, a su manera. El año que viene no me promete nada, pero me lo ofrece todo, y yo estoy listo para recibirlo con los brazos abiertos, sin importar lo que venga.
Cada año empiezo con el corazón lleno de ilusiones, esperando que las cosas marchen bien, pero si el camino se vuelve áspero, estaré aquí para enfrentar lo que venga, por mi familia. Tengo la fortaleza necesaria y unas manos dispuestas a cargar el peso, pase lo que pase.
Mi hija ha transformado mi debilidad en fuerza. Los años han pasado, y con ellos, he aprendido a madurar. Ella me ha dado un propósito, un motivo para enfrentar la vida con una renovada determinación. A nivel de Facebook, no puedo dejar de agradecer a quienes siempre están, a los que leen mis tonterías, a los que aprecian mis intentos de poesía y filosofía. A cada uno que se ha tomado un segundo para dejar un “Me Gusta” o un comentario, ustedes son parte de esta travesía.
A mis amigos más cercanos, Felipe Campos, Mauricio Didier López Díaz, y Víctor Danilo Zúñiga Herrera, gracias por ser el ancla en las tormentas, por compartir una cerveza y por estar siempre allí. A Valeria Alejandra Medina Quintana y su familia, gracias por enseñarme el valor de un abrazo sincero. A Josselyn Gutiérrez Sepúlveda, Juan Causa, y Juan Casanova, sus enseñanzas son tesoros en mi vida.
A mi familia, Lucy Pavez Morales, Nicolás Felipe Quintana, Catalina Paz Pavez, y Diego Ignacio Aguilar, gracias por ser el pilar que sostiene mis días más oscuros. Su presencia es la luz en mis momentos de duda. A mi abuela, la única, mi árbol de sabiduría, mis lágrimas y temores son por ti. Eres todo lo que necesito.
Y a mi mujer, Claudia Sánchez Sanhueza, eres mi corazón, mi pensamiento, mi día a día. Todo lo que soy y todo lo que quiero ser, es por ti y por nuestra hija. Espero que este año nos traiga más momentos juntos, más risas, y más sueños cumplidos. Amanda Julieta, brillas con una luz propia que ilumina mi vida más allá de lo que puedo expresar.
A todos, gracias. Este año, con su carga de desafíos y alegrías, ha sido un testimonio de lo que significa vivir con intensidad, de abrazar tanto los buenos como los malos momentos, y de encontrar en cada día una razón para seguir adelante. Feliz Año Nuevo.