martes, 27 de agosto de 2019

La Verdad Tras el Filtro

Cada vez que publico en Facebook, reviso las palabras con esmero. No busco ganar "Me Gusta" ni adular con frases vacías, sino transmitir con precisión lo que realmente pienso, a pesar de mi corta experiencia. Lo que escribo es producto de mis principios, de la realidad cruda que conozco. Expresarle a mi hija cuánto la amo, es un consuelo que me permite dormir en paz por las noches.

Siempre habrá quienes no me lean y que critiquen mi seriedad, quienes me juzgarán con adjetivos diversos. Pero tras años de conocer a gente de distintos ámbitos y situaciones, observando sus reacciones y comportamientos, he desarrollado una percepción más clara sobre las personas. 

Ya no veo a la gente en términos simples de belleza o fealdad, bondad o maldad, riqueza o pobreza. Ahora veo seres humanos, algunos tan radiantes que parecen de otro mundo, otros tan quebrados que parecen emergidos del dolor más profundo. Pero al final del día, son simplemente gente, con sus decisiones erradas y sus aciertos. 

Nadie es completamente inocente del entorno que lo ha moldeado, ni de las locuras del mundo, pero también somos todos responsables de nuestras acciones. Lo que me reconforta es ver que, a pesar de todo, hay esperanza. Veo personas que, por alguna razón, encuentran la forma de cambiar para mejor y crecer. Esto me llena de felicidad, me hace creer que todo está bien, que siempre hay oportunidad para empezar de nuevo, para buscar el cambio y abrazar la esperanza.

jueves, 8 de agosto de 2019

Las Huellas de lo Irreparable

He tratado mal a mi madre, a mis tíos, a mi abuela, a mis hermanos y a mis amigos. He lanzado palabras crueles, he fallado, he lastimado. Incluso he maltratado al cachorro que tuve, el Ruby, el ser más fiel que conocí.

De la misma boca que ahora besa a mi hija, han salido injurias. Lo digo con vergüenza y tristeza, porque es mi verdad. Los errores cometidos son cicatrices que nunca desaparecerán. No pretendo exponer mi vida personal en vano, pero me doy cuenta de que muchas veces escribo sobre lo bueno y escondo las verdades duras que me atormentan.

Es sencillo proyectar una imagen perfecta en Facebook, pero mi vida real está llena de problemas y pesadillas, igual que la de cualquiera. Lo poco que he aprendido ha sido forjado en las caídas y en las luchas con mis propios demonios.

He cometido demasiados errores, he llorado y he hecho llorar. Los logros y metas que alcance se desvanecen ante la magnitud de mis fallos. Solo puedo dar gracias a mi familia y a aquellos que han estado a mi lado, y agradecer cada día que tengo para intentar redimirme.

Espero, al menos ahora, poder ofrecer paz y tranquilidad a quienes me quieren, y ser un refugio en el lugar que durante tanto tiempo solo albergó conflicto. Las huellas de lo irreparable me acompañarán siempre, pero mi deseo es construir algo de calma en el terreno de mi propio caos.