Tengo odio, rabia, una furia que no encuentra descanso en la injusticia. Este país está cubierto de cicatrices, de asesinatos y secuestros que gritan por justicia en un vacío. Cada noticia, cada velorio por un hijo perdido, es un grito en el viento. La impotencia me consume, el deseo de venganza se enciende en cada rincón de mi ser, porque la justicia aquí nunca llega, y el país parece sumido en una eterna búsqueda sin fin.
El dolor de una madre que llora la muerte de su hijo en una encerrona, el tormento de un corazón roto por una bala en una balacera, son heridas que el sistema ignora. La realidad es que aprieto mis dientes hasta que suenan, saco las madres a todos los culpables y a aquellos que tienen el poder de hacer justicia pero no mueven un dedo. Chile, tu suelo está bañado en sangre, en un mar de injusticia donde la ley es sorda, ciega y mentirosa. Los noticieros disfrutan de nuestra tragedia, convierten el dolor en espectáculo.
Tengo un dolor tan grande que mi país me desgarra de angustia, de rabia, y lo que hoy es noticia mañana se convierte en una cifra más. Estoy completamente decepcionado y esta decepción me consume, me está haciendo mal.