sábado, 23 de febrero de 2019

En Medio del Desgarro

Hay un peso en el pecho que no se puede describir con palabras simples. Es una sensación de estar atascado en medio de un desierto, caminando sin rumbo, mientras el sol te quema la piel y el viento se lleva las últimas gotas de agua. Así se siente la lucha diaria, la batalla interminable contra los problemas que parecen pequeños en el inicio, pero que se agrandan con cada obstáculo que surge. 

Me esfuerzo, me esfuerzo hasta el punto de la desesperación, y cuando creo que estoy a punto de encontrar un respiro, un minúsculo problema me derrumba de nuevo. Todo ese cansancio, todo ese esfuerzo, parecen no ser más que un montón de mierda. Y me pregunto: ¿de qué sirve seguir luchando cuando cada avance parece ser solo una ilusión de progreso? 

Esta vez no me interesa ser coherente, ni mantener la compostura. Solo quiero que vean, que entiendan, que en este momento estoy en medio de una guerra silenciosa contra mí mismo. Estoy peleando más intensamente que en años pasados. Pedir ayuda se ha convertido en una trampa, un intento fallido que solo me hunde más en la oscuridad del dolor. Así que ahora, he decidido enfrentar todo solo, a mi manera, aunque me sienta cada vez más perdido. 

Estoy cansado, harto, exhausto. Ya no hay fuerzas para más sufrimiento, ya no tengo más lágrimas que derramar. El dolor ha sido mi compañero constante y ha llegado un momento en que simplemente no puedo más. Estoy agotado de estar aquí, de sentir esta pesada carga que nunca parece aligerarse. Y aunque el cansancio se apodera de mí, sigo, porque es todo lo que me queda: seguir, incluso cuando lo único que queda es el eco de mis propios pasos en la vasta oscuridad.

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