Durante gran parte de mi vida, estuve atrapado en el embrujo de Colo-Colo. Desde la cuna, quizás por influencia de mi padre, mis abuelos, mis tíos, primos y hermanos, me convertí en un ferviente seguidor. Nadie me forzó a ser de este equipo; nací con una camiseta blanca y negra, como si el destino ya hubiera decidido por mí. A lo largo del tiempo, me convertí en un hincha por convicción, no por moda ni por el simple hecho de que representas mi ciudad. Aprendí tu historia, entendí que eres el equipo más popular de Chile, pero esos detalles vinieron después de que mi corazón ya había tomado su partido.
He vivido momentos de gloria y de tristeza, he celebrado y he sufrido como cualquier otro hincha. Pero, con el paso de los años, me he dado cuenta de que mi pasión ha cambiado. Aunque el amor que sentía se ha agotado, y aunque ahora los miro desde una perspectiva diferente, estoy agradecido por todo lo que viví. Colo-Colo, en este momento incierto, no sé si deberías descender o no, pero lo que sé con certeza es que debes dejarlo todo en la cancha. Lo debes hacer por tu gente, por las copas que adornan tu vitrina, y por la historia que has construido.
Les deseo lo mejor para mañana, mi aprecio por todo lo que representas y todo lo que viví contigo no se desvanece.
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