A veces me encuentro en un rincón de mi mente, cuestionando la existencia de un ser oculto en lo profundo de mi ser. Un ser que es el antítesis de lo que soy, que podría decidir actuar en contra de todas las normas morales y éticas que intento seguir. Imagino a ese ser, tomando decisiones radicalmente opuestas a las que hago, eligiendo caminos distintos, viviendo una vida completamente diferente.
Quiero creer que dentro de cada uno de nosotros existe una fuerza que impulsa hacia el bien, que nos empuja a ser mejores y a hacer las cosas bien. Me gusta pensar que cada día elijo ser una mejor persona, que estoy en una constante búsqueda de crecimiento y mejora, aunque a veces me sienta a años luz de alcanzar ese ideal que tengo en mente.
Deseo tener la certeza de que, a pesar de las decisiones y los caminos tortuosos que puedo tomar, hay un gráfico invisible que traza mi progreso hacia un yo mejor. Quiero creer que el deseo de ser bueno no es solo una ilusión, sino un verdadero motor de cambio, que nos empuja a mejorar y a superar nuestras imperfecciones. Al menos, eso es lo que quiero creer, lo que me gustaría que fuese verdad.
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