No entiendo a los que se largan del país, los que creen que el dinero lo es todo, que un maldito billete puede comprar el tiempo que no pasaron con su familia. Se van, cruzan la frontera buscando esa estabilidad económica que les han vendido como el Santo Grial, pero, ¿a qué precio? Se van, prometiendo volver cuando estén mejor, cuando la cuenta bancaria esté llena y las deudas pagadas. Pero, ¿cuánta mierda tuvieron que tragar para llegar a eso? ¿Cuántos cumpleaños, cenas familiares, abrazos perdieron? No, viejo, eso no es vida. Eso es vender el alma por un espejismo de seguridad.
Acá, en este suelo que nos vio nacer, es donde debemos quedarnos, donde debemos pelear. No es fácil, nadie dijo que lo sería, pero es la única manera de cambiar algo. No se trata solo de sobrevivir, se trata de luchar para que este lugar sea mejor, para que los delincuentes que se han adueñado de todo no sigan riéndose en nuestras caras. Porque si te vas, les estás dando la razón, les estás dejando el camino libre para que sigan jodiendo a los que nos quedamos, a los que decidimos no rendirnos.
Hay que quedarse, no hay de otra. Hay que hacer, hay que meter las manos en la mugre, en la corrupción, en el miedo, y sacarlos uno por uno. Porque si no lo hacemos, nadie lo hará por nosotros. Es una cuestión de dignidad, de orgullo, de no dejar que nos pisoteen como si no valiéramos nada.
Y no es solo por nosotros, es por los que vienen después, por esos pendejos que crecen viendo cómo todo se va al carajo. Hay que enseñarles que la ética no es una palabra bonita que se aprende en la escuela, es una forma de vivir, de resistir, de no venderse al mejor postor. Porque si perdemos eso, lo perdemos todo. Y eso es lo que más me duele, ver cómo la conciencia de lo que está bien y lo que está mal se desvanece en las nuevas generaciones, como si no importara.
Así que no, no me voy a ir. Me quedo aquí, a pelear por lo que creo, a trabajar para que este país sea mejor. Porque no hay otra forma de hacerlo, no hay atajos, no hay escapatoria. O lo hacemos nosotros, o nadie lo hará. Y yo, por mi parte, prefiero morir en la lucha que vivir una vida vacía en cualquier otro lugar.
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