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Estuve allí, en ese pozo profundo donde las sombras eran la única compañía. Y no, no era oscuridad, era algo más, el peso de todo lo que arrastraba, el fango de relaciones podridas y sueños que apestaban a muerte. Pero de alguna manera, me levanté, no fue glorioso ni heroico, fue más bien como un perro que finalmente suelta el hueso podrido que llevaba en la boca. Decidí madurar, o algo parecido, tal vez solo me cansé de la mierda.
Lo primero fue identificar lo que me estaba hundiendo, ver lo que estaba mal, como abrir una herida vieja para que finalmente empezara a sanar. Y cuando lo hice, supe que tenía que salir de todo eso. Las amistades que se habían vuelto veneno, el amor que más que calor, era un infierno, no había que pensarlo mucho, solo escapar, alejarse lo más rápido posible, que ellos se queden con sus problemas, yo ya tenía suficiente con los míos.
Y entonces vino la gran pregunta, ¿esto es lo que quiero para mi vida? ¿Esta mediocridad que se había vuelto rutina? Si lo era, debía valorarlo, pero si no, entonces debía replantearlo todo, hasta las raíces, y mientras lo hacía, mientras reorganizaba mi cabeza, supe que necesitaba calma. Paz en la tormenta, así que me di el lujo de parar, de caminar sin rumbo, de leer cualquier cosa que no fuese la mierda que tenía en mi cabeza. Escribir, aunque fuese un chorro de bilis, descansar de la vida que llevaba como un trapo viejo. Me deshice de vicios que no hacían más que enterrar clavos en mi propio ataúd, me forcé a estar solo, a encontrarme, aunque fuera un encuentro incómodo.
Y en esa soledad, en ese silencio, descubrí algo, que habían cosas que amaba, que había olvidado amar. Hobbies, pequeñas luces en la oscuridad, cosas que alguna vez me dieron vida, y que había abandonado como todo lo demás, así que las recuperé, volví a ellas, a las cosas que de verdad importaban.
Lo más importante, sin embargo, fue la familia, no esas relaciones torcidas y distantes que se dejan al tiempo, sino la verdadera, la que estaba rota y olvidada. Arreglé lo que pude, y lo que no, lo dejé atrás, pero con la certeza de que lo había intentado. Y cuando todo eso estuvo en su lugar, solo entonces, empecé de nuevo, porque a veces, el único camino es el de la reconstrucción.
Y ahora, después de todo, me siento listo para los nuevos desafíos, para las personas que vendrán, para lo que sea que el destino decida lanzarm, no es que haya olvidado mi pasado, es que ya no soy el mismo. Durante muchos años fui una guerra, pero ahora, lo único que quiero es ser esperanza. Y eso, creo, es la mayor victoria que podría pedir.
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