El sueño sigue en construcción, una obra eterna en el andamiaje de la vida. Mi madre, con la humildad que solo los grandes conocen, me ofreció un hogar y un par de alas que se desplegaron hacia este lugar incierto. Aquí estoy, en medio de la construcción de mi refugio, esperando que el tiempo me dé la oportunidad de disfrutar lo que resta de mi vida en este espacio que llamo hogar.
No le debo nada a la vida, y la vida no me debe nada a mí. Pero, a pesar de esta neutralidad existencial, no puedo evitar desear estar rodeado de hijos y nietos, de ser parte de una sucesión de generaciones que me recuerden, de tener la oportunidad de malcriar a esos pequeños con el amor que mi corazón aún guarda. No sé si la vida me ofrecerá esos regalos, si el destino me permitirá ser el abuelo que imagino en mis sueños.
Por ahora, estoy aquí, con mis propias manos y mi determinación para avanzar, para ser algo más por mi familia. Si he cometido errores, me lamento por no haberme dado cuenta antes, pero no tengo miedo de admitirlo. Tengo una profunda urgencia de aprender a "Ser", de evolucionar constantemente en este relato llamado Quintana Sánchez.
Cada error, cada acierto, cada día que pasa, es una lección en el camino hacia lo que quiero ser. Las alas que mi madre me dio no solo me trasladaron a este lugar físico, sino que también me llevan hacia un futuro que aún está por escribirse. Mientras la casa se construye, también lo hago yo, pieza por pieza, sueño tras sueño, con la esperanza de que, al final, miraré atrás y veré que valió la pena.
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