viernes, 18 de mayo de 2018

La Santa Hipocresía

Castigaron a los obispos, y la Indiada aplaude como si todo estuviera bien ahora. Pero hay cosas que no podemos olvidar. Aquí hubo más que violaciones y daño moral, hubo encubrimientos, mentiras, una cacería implacable contra las víctimas. Años de conspiraciones, de silencio cómplice, como si fuera un episodio más de las teorías del Salfate. Y este imbécil de blanco los castiga según sus propias leyes, como si eso fuera suficiente. “Merecen cárcel, mínimo,” dicen algunos, pero las renuncias son el precio que paga la plebe para no perder la fe en el Pulento.

No estoy en contra de un Dios, que quede claro. El problema no es el jefe, el problema son los que arman la fiesta en su nombre. Por eso creo que el Papa es la misma mierda que todos ellos. Se hace el santo, pero oculta la raíz del problema: el sistema religioso en sí, una maquinaria vieja y oxidada que sigue girando, que sigue aplastando bajo su peso a los más vulnerables. Esto no va a parar, no mientras todo siga igual, no mientras el mundo siga aceptando esta farsa. Pero, claro, para el mundo, el show debe continuar. Y así, la mierda sigue, tan santa como siempre.

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