Mi madre y mi abuela, dos mujeres que han moldeado mi vida con una fuerza que pocos entenderían. A lo largo de los años, se convirtieron en lo más respetado y venerado en mi existencia. Las he hecho llorar de felicidad y, lamentablemente, de tristeza también. Ahora, en su ausencia diaria, siento el peso de una vida sin ellas cerca.
Conozco sus gustos, esos tan sencillos que un simple gesto puede hacerlas sonreír. Y doy gracias a la vida por haberlas puesto en mi camino. Si pudiera elegir de nuevo, no dudaría ni un segundo en volver a escogerlas como madre y como abuela.
Mamá, recuerdo cada momento en que no teníamos un peso para la comida, y tú llegabas con la leche que sacrificabas de tu propio almuerzo. O cuando mi abuela se quedaba a cuidarnos de noche porque tú tenías que trabajar. Soy afortunado de haberlas tenido conmigo en las buenas y en las malas.
Me arrepiento de cada vez que las hice sufrir, de todas esas veces que mi egocentrismo fue más importante que su bienestar. Ahora, cuando estoy enfermo y recibo toda su atención, me doy cuenta de lo bien que se siente saber que tengo su amor incondicional. Las veo preocupadas, tristes, asustadas, y a veces, enojadas porque no cambio mis malos hábitos. Pero siempre, siempre anteponen a los demás antes que a ustedes mismas.
Hoy las veo envejecer, y me doy cuenta de que les he robado un pedazo de sus vidas, un tiempo que nunca recuperarán. Cada vez que voy a casa y las observo, me pregunto cómo es posible que tengan tanto amor para dar, y lo demuestran día a día. Sé que sus manos están secas, ásperas, agrietadas por años de esfuerzo y trabajo. Sé que cada arruga en sus rostros ha sido provocada por mí y por mis hermanos.
Espero, con todo mi ser, algún día poder retribuir todo ese amor y tiempo que me han dado. Y aunque anhelo que nunca tengan que irse de este mundo, sé que un día sucederá. Cuando ese momento llegue, dejarán un vacío en mi vida tan grande que no puedo imaginarlo.
Gracias, abuela Rosa, por siempre estar ahí. Gracias, mamá, por siempre estar ahí. Las amo con todo mi corazón.
Muy lindo lo que escribes y sí soy testigo de que tú mamá no almorzaba (nunca)pero llevaba leche, yogurt y todo lo que habia para sus hijos, la vi flaquear pero al instante estaba luchando para sacarlos adelante y que tuvieran una vida digna como dice ella. La abuela cuidaba de ustedes mientras ella trabajaba.
ResponderBorrarGracias, son lo máximo al igual que mis tias.
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